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Volé en parapente sobre el Mar Caribe

El mejor regalo sorpresa que me han hecho en mi vida.

14 de Mayo de 1996.

Esa es mi fecha de cumpleaños por si se lo preguntaban aunque probablemente no te lo estabas preguntando pero tiene todo que ver en esta historia.

El año pasado comenzamos a viajar por el mundo de forma definitiva con mi pareja, Sol; ella es mi gran compañera de vida, mi amor y mi apoyo logístico si hablamos de viajes.

Recuerdo que habíamos estado en Cartagena y me dijo que antes de viajar hacia Palomino, otro hermoso pueblito de la guajira colombiana, ibamos a hacer una parada en un otro lugar porque tenía un regalo preparado para mi.

Después de unas horas de viaje, llegamos a Buritaca y el bus nos dejó al pie de una montaña y yo sin entender nada pregunté Dónde estaba el regalo.

A lo que Sol me respondió Allá arriba, tenemos que subir a buscarlo.

No soy una persona que le guste mucho festejar sus cumpleaños por lo que mis expectativas no eran muy grandes que digamos pero no tenía idea de lo que nos esperaba, debíamos subir 30 minutos por la pendiente más empinada que subí en mi vida, suena poco pero creanme que me sudé la vida.

Finalmente después de unos 30 minutos subiendo con las 4 mochilas y unos 50kilos de peso extra llegamos hasta la cima y sin darnos cuenta, teníamos una de las mejores vistas que vi en mi vida del Mar Caribe y la selva colombiana.

Mi regalo era una noche de estadía en un hotel perdido en lo alto de la montaña con una gran piscina y unas vistas de la hostia y yo todo agotado sin poder creerlo.

Al caer la noche cenamos y vimos caer las estrellas perdidos entre la naturaleza, nadamos en lo alto de la montaña y dormimos en una cabaña de paja que estaba abierta y musicalizada por el sonido de la montaña, las olas del mar y la ventizca nocturna de la guajira colombiana.

La mañana siguiente despertamos con el amanecer y el sol asomando detrás del horizonte ahí perdido detrás del Mar Caribe y podías ver como esa bruma que desprenden las olas y todo parecía como salido de un cuento y justo cuando creía que no podía ponerse mejor entonces me volvieron a sorprender.

Tenía que desayunar y en unos minutos pasarían a buscarme porque faltaba una última sorpresa ¡Iríamos a volar en parapente!

Como te habrás dado cuenta los deportes de adrenalina son mi debilidad y nunca antes había volado en parapente por lo que estaba MUY ansioso por desbloquear un logro nuevo y quitar este desafío de mi wishlist.

Subimos a caballo por la montaña hasta la cima junto con todo el equipo y el momento estaba por hacerse realidad.

Mientras mi instructor hacía los preparativos para el vuelo, medimos el viento, acomodó los hilos del parapente, se aseguró de tener un camino despejado para el vuelo.

Tenía apenas 21 años, era oriundo de Medellin y me había contado que era dificil conseguir trabajo allí por tanta competencia, por lo que decidió alejarse un poco de la gran ciudad para volar entre el mar y las montañas, además de vivir en un lugar paradisíaco.

Me acomodó el equipo de seguridad, nos posicionamos, me dió algunas instrucciones básicas para correr y comenzó la cuenta regresiva, 3 2 1 PUM corrimos unos segundos, hicimos la manuobra y estabamos volando.

Debo confesar que no estaba nervioso sino más bien intrigado por saber cómo sería y es muy loco porque después de saltar en paracaídas puedo decir que se siente igual pero sin tanto miedo a la caída.

Es una de las sensaciones más placenteras y relajantes, planeas como una pluma y te dejas llevar por las corrientes de aire caliente mientras vas dando vueltas y descendiendo suavemente.

Definitivamente fue una de las experiencias más maravillosas que he experimentado en mi vida, no sólo se trataba de estar volando, sino que había sido una sorpresa de cumpleaños, hecha con amor y como si fuera poco, las vistas que he tenido en ese lugar son de las más asombrosas que he visto.

Sentir el mar debajo de tus pies, admirar la inmensidad de las montañas con tanta vegetación, la selva, la brisa, ver las personitas y los carros hacerse chiquitos y perderse en la inmensidad, y en simultaneo sentir que levitas como si tu peso no fuese nada te lleva a un estado de paz completo.

Mi instructor me permitió manejar el parapente un rato, nos tomamos unas fotos y jugamos un poco a darle vueltas al parapente hasta aterrizar cerca del mar, recomiendo por completo esta experiencia en Puerto Alto y ojalá todos sean tan afortunados de tener un amor en su vida que los conozca y los ame tanto cómo lo tengo yo.